Lo que sà une a las exiliadas y exiliados argentinos es que su destierro formó parte de las prácticas represivas ejercidas por el poder estatal y paraestatal entre 1974 y 1983, del mismo modo que lo fueron la censura, la represión, la tortura, el secuestro, el asesinato, la cárcel y la desaparición forzada de personas.
Con la vida en un bolso y la angustia en el corazón, cientos de miles de personas debieron abandonar sus casas. Como pudieron, llegaron a México, España, Suecia, Brasil, Francia, Alemania, entre otros muchos paÃses que los cobijaron y les dieron un lugar en el mundo. Otros no tuvieron la posibilidad de dejar el paÃs y se vieron obligados a refugiarse en diferentes barrios, en otras ciudades.
En cualquier caso, dejaron atrás compañeras, compañeros, amigas, amigos, familias, trabajos. Tuvieron que comenzar de cero: muchas veces en situación de ilegalidad o de clandestinidad.
Con el retorno de la democracia, hubo quienes eligieron regresar; pero la vuelta los reencontró con un paÃs distinto al que habÃan conocido y para el que habÃan soñado un proyecto diferente: la ruptura de los lazos sociales y la instalación del individualismo, consecuencias directas del sistema represivo, dejaron marcas que aún perduran.
Esta muestra propone un recorrido a través de los testimonios de aquellas y aquellos que atravesaron estas experiencias, casi siempre dolorosas pero también marcadas por la resistencia, la solidaridad y la organización para denunciar los crÃmenes de la dictadura.
Recuperar estas voces resulta necesario no sólo para comprender mejor nuestra historia reciente sino también para reflexionar sobre el presente, tarea imprescindible en un mundo en el que la libertad y la igualdad están siendo amenazadas.
Hijos e hijas del Exilio
Poéticas transgeneracionales
Artistas: Gabriela Bettini, Elisa Ferreira, MarÃa Giuffra, Daniel HenrÃquez, Julián Teubal y Francisca Yáñez
Serán necesarias varias generaciones para procesar las heridas que causaron las experiencias traumáticas de la última dictadura cÃvico militar en Argentina. Una de ellas es la que vivieron los hijxs del exilio, quienes tuvieron que transitar la vida lejos de sus familias, anhelando de alguna manera la tierra que dejaron sus padres a causa de la persecución polÃtica.
Sin embargo, sus geografÃas se configuran, no tanto a partir de las distancias y coordenadas fÃsicas: nacen de cartografÃas afectivas, más allá de los mapas. Dos, tres paÃses unidos en un mismo recuerdo, en una misma memoria.
Ellos también fueron parte de esta experiencia que significó el exilio. No fue solo el drama de sus padres: ellxs también crecieron desterrados.
El paraÃso perdido que supone la infancia fue para ellxs una experiencia de extrañamiento, construida a partir de fragmentos, fracturas de la memoria, vacÃos. Acaso sea esta la razón por la que una inmensa mayorÃa de estos hijos se hayan dedicado de alguna u otra manera al arte, como una forma de llenar esos agujeros.
La identidad se fue construyendo a fuerza de completar aquellos retazos con pinceles, con música, con palabras inventadas, con imágenes.
Los une haber vivido en viaje. Haber tenido compañeros de otros paÃses a los que sintieron como hermanos. Hablar dos, tres lenguas. O dos o tres versiones distintas de un mismo idioma.
Esta muestra se propone rescatar esa infancia vivida desde la distancia. La de todxs los niñxs que se vieron forzados a partir al destierro, llevando en una valija unas pocas figuritas, una muñeca, un autito… y asÃ, vivir aquella experiencia que los hermana en un presente adulto.
Por eso, quienes pensaron este espacio –también hijxs del exilio- integraron producciones artÃsticas de otros hijxs latinoamericanos que hablan del ayer y del hoy desde un lugar que atraviesa lo particular y lo universal, haciendo dialogar el presente con el pasado.
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